Inaugurado el 10 de junio de 1923, el puente sobre el arroyo Yuquerí Grande puso fin a uno de los principales obstáculos para la comunicación terrestre de Concordia con la zona rural del sur. Su construcción movilizó a cientos de trabajadores y carros, y quedó ligada a la figura del presidente Marcelo Torcuato de Alvear, a quien se atribuye haber costeado la obra con su patrimonio personal.
A comienzos de la década de 1920, Concordia experimentaba un proceso de crecimiento que exigía mejorar sus vías de comunicación. En 1920, la ciudad estaba vinculada con la Capital Federal y otros puntos del país mediante el ferrocarril, mientras que una red de caminos la conectaba con distintos departamentos de Entre Ríos.
Por esas carreteras circulaban más de 700 automóviles, una cifra que reflejaba la creciente importancia del transporte automotor y la necesidad de contar con caminos seguros y transitables.Sin embargo, el desarrollo de la infraestructura vial todavía debía enfrentar un obstáculo importante: el arroyo Yuquerí Grande.
Desde los primeros años de la historia de Concordia, las lluvias intensas y las crecientes dificultaban el tránsito hacia el sur y podían dejar a la ciudad prácticamente aislada por tierra durante períodos prolongados.Hasta entonces, uno de los pasos tradicionales para cruzar el curso de agua era conocido como el «Paso Grande», un vado que permitía atravesarlo cuando las condiciones lo hacían posible.
Pero las precipitaciones y las variaciones del caudal convertían ese cruce en un punto vulnerable de las comunicaciones, con consecuencias para el traslado de personas, mercancías y vehículos.La necesidad de resolver esta dificultad impulsó distintas gestiones para concretar una obra que garantizara una conexión más estable.
El proyecto del puente sobre el Yuquerí Grande representaba, en ese contexto, una respuesta a una demanda concreta de la población y una inversión estratégica para el desarrollo de Concordia y su zona de influencia.
La construcción del puente se concretó durante la presidencia de Marcelo Torcuato de Alvear, quien asumió el Gobierno nacional el 12 de octubre de 1922. La ejecución de los trabajos fue encomendada a la empresa constructora Ricagno, de Concordia, y contempló la construcción de una estructura de hormigón armado, una solución que permitiría mejorar la resistencia y la durabilidad del cruce.El emprendimiento no se limitó a levantar el puente sobre el arroyo.
También fue necesario preparar sus accesos mediante importantes movimientos de tierra y la construcción de terraplenes en ambas cabeceras, con el propósito de alcanzar niveles adecuados para la circulación.De acuerdo con los datos recogidos por el arquitecto Juan Alejandro Pípolo en su obra Concordia. La ciudad y su arquitectura 1831-1970, en los trabajos participaron alrededor de 400 personas y se utilizaron 200 carros.
La magnitud de estos recursos permite dimensionar el esfuerzo humano y logístico que demandó la construcción en una época en la que las tareas de movimiento de suelo dependían en gran medida de la fuerza de trabajo y la tracción animal.La obra contempló, además, la preparación de los accesos mediante rellenos de tierra que se extendían a lo largo de aproximadamente 1.000 metros en las cabeceras, según las referencias históricas disponibles.
Estos trabajos resultaban indispensables para vincular el cruce con los caminos existentes y facilitar la circulación entre ambos lados del arroyo.La estructura de hormigón armado constituyó una innovación para la infraestructura vial local y permitió resolver una dificultad que durante décadas había condicionado la movilidad de los habitantes.
Su habilitación favoreció el tránsito entre el núcleo urbano y la zona rural del sur, al tiempo que mejoró las posibilidades de circulación para las actividades productivas y comerciales.
Uno de los aspectos más recordados de la historia del Puente Alvear es la financiación que se atribuye al entonces presidente de la Nación. Según la tradición histórica recogida en publicaciones locales, las dificultades para obtener la aprobación presupuestaria correspondiente amenazaban con demorar la concreción del proyecto.Ante esa situación, Marcelo T. de Alvear habría decidido afrontar el costo de la construcción con recursos de su propio patrimonio, es decir, de su «peculio particular».
La decisión permitió que la iniciativa avanzara y quedó incorporada a la memoria de la ciudad como un gesto singular en la historia de las obras públicas locales.El episodio también explica el nombre con el que la estructura pasó a ser conocida.
En reconocimiento a la intervención del mandatario, el puente recibió la denominación de Puente Alvear, que conserva hasta la actualidad.Más allá de la dimensión anecdótica de este hecho, la historia pone de relieve las gestiones políticas e institucionales que precedieron a la obra y la importancia que tenía para Concordia contar con una conexión vial permanente sobre el Yuquerí Grande.
La inauguración del puente tuvo lugar el domingo 10 de junio de 1923 y contó con la presencia del presidente Marcelo T. de Alvear. Su visita generó una importante movilización de autoridades y vecinos, que se congregaron para recibir al mandatario y participar de los actos oficiales.Alvear llegó a Concordia por vía fluvial, a bordo de un vapor de la compañía vinculada a la navegación de los ríos Uruguay y Paraná.
La expresión «vapor de la carrera», utilizada en las crónicas de la época, aludía a los barcos que cumplían servicios regulares de transporte de pasajeros y cargas. Entre las empresas que operaban esos recorridos se encontraba la Compañía Argentina de Navegación Fluvial, asociada a la firma Mihanovich.El viaje por el río Uruguay formaba parte de una época en la que la navegación fluvial constituía un medio de comunicación fundamental entre las ciudades ribereñas.
Los barcos transportaban personas y productos, conectaban puertos y contribuían a sostener los intercambios comerciales de la región.La llegada del presidente dio un marco especial a la inauguración. Tras su recepción en la ciudad, las actividades oficiales continuaron con el desplazamiento hacia el arroyo Yuquerí Grande, donde se realizó la ceremonia correspondiente. La apertura del puente representó la concreción de una demanda de larga data y un acontecimiento significativo para la comunidad concordiense.
A partir de entonces, el cruce dejó de depender exclusivamente de las condiciones del vado tradicional y pasó a ofrecer una alternativa más segura para el tránsito terrestre.
Entre las características que distinguen al Puente Alvear se encuentra su trazado curvo, una particularidad que forma parte de su identidad visual y despierta el interés de quienes recorren el sector.La explicación de esta forma debe buscarse en las condiciones del terreno, el curso del arroyo y la disposición de los caminos rurales preexistentes.
En una época con recursos técnicos y maquinaria diferentes de los actuales, el diseño de las obras debía responder a las características concretas del lugar y procurar una conexión funcional con los accesos disponibles.Por ello, la geometría del puente puede entenderse como parte de una solución de ingeniería condicionada por el entorno.
Su trazado no solo constituye un rasgo distintivo del paisaje, sino que también permite observar cómo se proyectaban las obras viales a comienzos del siglo XX, cuando la adaptación a la topografía era un componente central del trabajo constructivo.
Desde su inauguración, el Puente Alvear ha formado parte de la infraestructura que conecta Concordia con los sectores rurales ubicados al sur del arroyo Yuquerí Grande. Su función ha trascendido la de un simple cruce: durante generaciones, ha integrado recorridos cotidianos, facilitado desplazamientos y contribuido a la continuidad de las comunicaciones terrestres.El paso del tiempo y la exposición a las crecientes y a las condiciones propias del curso de agua han planteado desafíos para su conservación.
Sin embargo, la permanencia de la estructura en la memoria colectiva demuestra la relevancia que adquirió en la historia urbana de Concordia.En 2026, al cumplirse 103 años de su inauguración, el puente continúa siendo un testimonio material de una etapa en la que la expansión de la ciudad exigía nuevas soluciones para superar las barreras naturales y fortalecer sus vínculos con el territorio circundante.Su historia reúne varios elementos de interés: el problema histórico de los caminos, la incorporación del hormigón armado a la infraestructura local, el trabajo de cientos de personas, las gestiones para financiar el proyecto y la participación de un presidente de la Nación en su inauguración.El Puente Alvear permanece así como parte del patrimonio histórico y de la identidad de Concordia.
Su valor no reside únicamente en la función vial que cumple, sino también en lo que representa para comprender el crecimiento de la ciudad y los esfuerzos que hicieron posible una comunicación más estable entre el área urbana y la región rural del sur.
Fuente principal: Pípolo, Juan Alejandro (2015), Concordia. La ciudad y su arquitectura 1831-1970. También datos de EL HERALDO en oportunidad del centenario del Puente Alvear.


