En Argentina se diagnostican entre 11.600 y 13.000 casos nuevos de cáncer de próstata por año. Es el tumor más frecuente entre los varones y puede avanzar sin presentar síntomas. La campaña Noviembre Azul busca promover la información, los controles médicos y la detección temprana.
Noviembre es conocido como el mes de la concientización sobre la salud masculina. La iniciativa internacional Movember, cuyo nombre combina las palabras inglesas moustache (bigote) y November (noviembre), nació en 2003 en Australia, cuando un grupo de amigos decidió dejarse crecer el bigote para llamar la atención sobre la importancia del cuidado de la salud de los varones.
Con el tiempo, aquella propuesta se convirtió en un movimiento internacional que promueve la prevención y la detección temprana de enfermedades, especialmente el cáncer de próstata y el cáncer testicular.
Así como octubre se identifica con el color rosa y la concientización sobre el cáncer de mama, noviembre se asocia con el azul y busca instalar la conversación sobre la salud masculina.
En Argentina, el cáncer de próstata es el tumor más frecuente entre los varones. Se estiman entre 11.600 y 13.000 diagnósticos nuevos por año. Según datos del Ministerio de Salud de la Nación citados en el informe, la tasa de mortalidad descendió un 26% entre 2014 y 2024. Sin embargo, alrededor de 3.600 hombres mueren anualmente por esta enfermedad.
A nivel mundial, se ubica entre los tipos de cáncer más frecuentes y ocupa el segundo lugar entre los tumores diagnosticados en varones. En nuestro país representa aproximadamente el 20% de los casos de cáncer masculino.
La próstata es una glándula del aparato reproductor masculino, ubicada debajo de la vejiga y delante del recto. Tiene un tamaño aproximado al de una nuez y produce parte del líquido seminal.
Con el paso de los años puede aumentar de tamaño y provocar síntomas urinarios, como necesidad frecuente o urgente de orinar, disminución de la fuerza del chorro, dificultad para vaciar la vejiga, ardor o presencia de sangre en la orina.
Sin embargo, estas manifestaciones no indican necesariamente la existencia de un cáncer. También pueden estar relacionadas con otras afecciones, como la hiperplasia prostática benigna, que consiste en un agrandamiento no canceroso de la glándula.
A su vez, el cáncer de próstata puede desarrollarse sin síntomas evidentes. Por eso, la consulta médica y la evaluación del riesgo individual son importantes incluso cuando no hay molestias.
El doctor Juan Cruz Gallo, jefe del Servicio de PET-CT y Medicina Nuclear de Diagnóstico Maipú (MN 110.315), explica que cerca del 90% de los casos se diagnostican en hombres mayores de 65 años y que la edad media al momento del diagnóstico es de 75 años.
El especialista señala que entre el 5% y el 10% de los tumores pueden tener un componente hereditario. Por ese motivo, los antecedentes familiares son relevantes: tener un padre o un hermano que haya tenido cáncer de próstata aumenta el riesgo, especialmente cuando el diagnóstico se produjo antes de los 60 años.
En general, a partir de los 50 años se recomienda conversar con un profesional de la salud sobre la detección temprana. En quienes tienen antecedentes familiares u otros factores de riesgo, esa evaluación puede ser necesaria antes.
Uno de los estudios iniciales es el análisis de sangre que mide el antígeno prostático específico (PSA). Se trata de una proteína producida por la próstata cuyos niveles pueden elevarse por distintas razones.
Un resultado elevado no significa necesariamente que exista un cáncer, ya que también puede estar asociado con la hiperplasia prostática benigna u otras condiciones. En determinados casos, cuando el valor se encuentra entre 3 y 10 ng/ml y no hay otros síntomas, el médico puede indicar repetir la medición para confirmar el resultado.
El tacto rectal también puede utilizarse como complemento de la evaluación. Permite identificar posibles cambios en el tamaño, la consistencia o la superficie de la próstata. Su indicación depende de cada situación clínica.
Cuando los resultados iniciales generan sospecha, el profesional puede solicitar estudios complementarios, entre ellos ecografías, resonancias magnéticas y otras herramientas de diagnóstico por imágenes.
La resonancia magnética multiparamétrica permite localizar posibles lesiones dentro de la próstata y orientar las biopsias hacia las áreas de mayor interés. También puede ayudar a identificar tumores clínicamente significativos y evaluar casos en los que el PSA permanece elevado pese a biopsias anteriores sin resultados positivos.
Por su parte, la tomografía por emisión de positrones con antígeno prostático específico de membrana (PET/PSMA) utiliza un radiofármaco dirigido a una proteína que suele expresarse en las células del cáncer de próstata. Este estudio permite buscar posibles focos de la enfermedad en ganglios, huesos y otros órganos.
Según explica Gallo, ambos métodos aportan información complementaria para evaluar la localización y la posible extensión de la enfermedad, junto con los resultados del PSA, la biopsia y los antecedentes clínicos.
Cuando existen familiares cercanos que tuvieron cáncer de próstata, especialmente si la enfermedad apareció a edades tempranas, el equipo médico puede considerar la realización de estudios genéticos.
Entre las herramientas disponibles se encuentra el panel NGS para cáncer de próstata hereditario, que analiza variantes en genes asociados con una mayor predisposición a desarrollar determinados tumores.
El panel mencionado en el informe contempla alrededor de 20 genes, entre ellos BRCA1, BRCA2, CHEK2, HOXB13, MSH2, MSH6, PMS2, MLH1, ATM, BRIP1, PALB2, NBN, RAD51C y RAD51D.
La técnica permite analizar millones de fragmentos de ADN y compararlos con un genoma de referencia para detectar posibles variantes. La muestra puede obtenerse mediante una extracción de sangre o a través de la mucosa bucal. Según la información proporcionada, el procesamiento demora 35 días hábiles.
Estos estudios pueden aportar información para evaluar el riesgo hereditario y, cuando existe un diagnóstico de cáncer, contribuir a la elección de determinadas estrategias terapéuticas.
Cuando la evaluación clínica y los estudios por imágenes mantienen la sospecha de cáncer, el médico puede indicar una biopsia prostática. El procedimiento consiste en obtener muestras de tejido de la glándula para analizarlas y determinar si existen células tumorales.
La biopsia permite confirmar el diagnóstico y conocer características del tumor. De acuerdo con la técnica utilizada, puede realizarse con anestesia local o sedación.
Si se confirma la enfermedad, las alternativas de tratamiento se definen según el estadio, la agresividad del tumor, el estado general del paciente y sus preferencias. La decisión debe contemplar los beneficios de cada opción y sus posibles efectos secundarios, así como el impacto en la calidad de vida.
No existe una medida que permita prevenir por completo el cáncer de próstata. Sin embargo, mantener hábitos saludables contribuye al cuidado general de la salud.
Realizar actividad física con regularidad, sostener una alimentación equilibrada, mantener un peso saludable y evitar el tabaco forman parte de las recomendaciones para mejorar la calidad de vida.
En el marco de Noviembre Azul, el mensaje central es promover la información, conocer los antecedentes familiares y consultar con profesionales de la salud para evaluar cuándo y cómo realizar los controles.
La detección temprana y los avances en las herramientas de diagnóstico permiten identificar la enfermedad y analizar las alternativas más adecuadas para cada paciente.



