Por The Economist - El 18 de septiembre, Dmitry, un moscovita de 35 años que trabaja en publicidad, votó en las fraudulentas elecciones parlamentarias de Rusia. Escribió la palabra “criminal” en su papeleta, la introdujo en la urna y se dirigió directamente al aeropuerto, donde embarcó en un vuelo hacia Estambul.
Fue una de las miles de personas que se han marchado en las últimas semanas, temiendo que el “procedimiento electoral especial” —como algunos rusos han empezado a llamar a sus elecciones— allanara el camino para una nueva ola de movilización militar.Cuando Vladimir Putin declaró una movilización parcial en septiembre de 2022, seis meses después de invadir Ucrania, 400.000 hombres rusos huyeron del país. Esta vez, la gente se marcha incluso sin que haya habido ningún anuncio oficial, aunque en menor número.
El 18 de agosto, 20.000 personas cruzaron la frontera terrestre entre Rusia y Georgia, aproximadamente el triple de la cifra diaria habitual. Las autoridades aduaneras rusas informaron de cifras similares en los días anteriores. En Armenia, otro país que permite la entrada de rusos sin visado, la gran demanda de alquileres ha hecho subir los precios entre un 30% y un 50% desde la primavera. “No me fui solo por la movilización.
Ya estaba harto de aguantar la situación, de permanecer en ese ambiente”, afirma Yuri, que trabajaba para una empresa turística en San Petersburgo.Grigory Sverdlin, de Idite Lesom (“Piérdete” o “Vete al bosque”), una organización de voluntarios que ayuda a las personas a evitar el reclutamiento forzoso, señala que el número de solicitudes de ayuda recibidas este otoño ha aumentado un 50% con respecto a la primavera de este año.
Anastasia Burakova, de Kovcheg (“El Arca”), un grupo que ayuda a emigrar a los rusos contrarios a la guerra, afirma que las consultas se han multiplicado por ocho desde julio. En comparación con 2022, “ahora estamos viendo una ola de emigración más reducida, pero mejor preparada”, asegura.Desde hace meses circulan rumores sobre una nueva ola de movilización.
Funcionarios ucranianos han pronosticado una movilización de al menos 100.000 hombres; el 24 de septiembre, el presidente francés Emmanuel Macron estableció la cifra en 300.000. Los propios blogueros militares rusos también consideran probable esta medida. Oficialmente, el Kremlin afirma que no se está preparando nada por el estilo. “Es una absoluta tontería.
Se trata de un ataque informativo contra Rusia”, declaró Putin poco antes de las elecciones del mes pasado.Sin embargo, los rusos, curtidos por la experiencia, tienden a pensar que cuanto más enfáticamente niegan las autoridades que planean algo desagradable, más probable es que eso ocurra. En 2022, el Kremlin negó que se estuviera preparando una movilización apenas una semana antes de anunciarla.
En cualquier caso, no hace falta una declaración oficial, ya que la orden anterior nunca fue derogada.El sistema administrativo se ha perfeccionado con los años e incluye notificaciones electrónicas y comunicación entre los reclutadores y los agentes fronterizos. Este verano hubo protestas en Penza, a 600 km al este de Moscú, después de que reclutadores vestidos de civil detuvieran a personas en plena calle. Para evitar más disturbios, es probable que la próxima oleada se lleve a cabo de forma encubierta.
Es posible que se coaccione a deudores, desempleados y estudiantes con bajo rendimiento académico para que se alisten. Algunos creen que el proceso ya está en marcha.
Un abogado militar afirma que se están recogiendo muestras de ADN de todos los reclusos de una prisión de Riazán para facilitar la identificación de sus cadáveres en el frente.Se están enviando cuotas de reclutamiento a gobernadores regionales y directivos de grandes empresas, quienes deberán asumir la responsabilidad de cualquier descontento; se trata de una práctica de “descentralización” que el Kremlin puso a prueba durante la pandemia de covid.
Nikolai Mitrokhin, sociólogo y analista de la guerra de la Universidad de Bremen, afirma que las regiones ricas están, en la práctica, comprando reclutas a las más pobres. La prima por alistamiento en la próspera región de Sverdlovsk es de 3,1 millones de rublos (37.000 dólares), casi cuatro veces más que en la más pobre Syktyvkar, cerca de los montes Urales. Los reclutas viajan desde regiones pobres para alistarse en las más ricas.Los blogueros militares y los nacionalistas se muestran impacientes.
El 30 de julio, Rusich —una organización ultranacionalista— pidió “la movilización de medio millón de hombres” para alcanzar los objetivos bélicos de Putin. Durante mucho tiempo, los analistas occidentales han considerado que una nueva oleada de movilización sería arriesgada y podría provocar protestas, tal como ocurrió en Penza.
Sin embargo, en realidad, la movilización puede resultar útil para el señor Putin, ya que le permite demostrar su control sobre el sistema y reforzar su narrativa de sacrificio nacional, la cual se basa en comparar su guerra con la lucha histórica contra la Alemania nazi. Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión


