Claves
- Se trata de Luis Benavidez, quien aceptó la pena en el marco de un acuerdo entre los fiscales Soledad García, Matías Mené y Martín Uriona y su defensa.
- El acuerdo fue homologado durante una audiencia realizada el 4 de septiembre ante el juez federal de garantías Carlos Vera Barros, informó Rosario3.
- Además de la pena de prisión efectiva, se dispuso su inhabilitación especial por cuatro años y seis meses para ejercer cargos públicos y la profesión de enfermero.
Un enfermero que trabajaba en el Policlínico PAMI II de Rosario fue condenado a cuatro años y seis meses de prisión luego de reconocer que comercializaba fentanilo, bromuro de vecuronio y otros medicamentos que sustraía de su lugar de trabajo. Se trata de Luis Benavidez, quien aceptó la pena en el marco de un acuerdo entre los fiscales Soledad García, Matías Mené y Martín Uriona y su defensa.
El acuerdo fue homologado durante una audiencia realizada el 4 de septiembre ante el juez federal de garantías Carlos Vera Barros, informó Rosario3. Además de la pena de prisión efectiva, se dispuso su inhabilitación especial por cuatro años y seis meses para ejercer cargos públicos y la profesión de enfermero. Benavidez trabajaba en el PAMI desde 2014 y, desde 2016, se desempeñaba en el área de Central de Materiales y Esterilización, dependiente del sector de Farmacia.
La investigación federal se inició a partir de la denuncia presentada por el padre de E.G.M., un hombre de 37 años que murió el 9 de agosto de 2023. El denunciante aportó información sobre las circunstancias que rodearon la muerte de su hijo, además de su teléfono celular, capturas de conversaciones mantenidas con Benavidez y un video registrado por la pareja de la víctima.
En esas comunicaciones aparecían referencias a la comercialización de fentanilo y bromuro de vecuronio, un medicamento de uso hospitalario utilizado como relajante muscular en procedimientos de anestesia general y cuidados intensivos. Durante la investigación se analizaron distintos mensajes intercambiados entre E.G.M. y Benavidez. En una de las conversaciones, el enfermero informó que había conseguido bromuro de vecuronio. Ante la consulta sobre si era más fuerte que el fentanilo, respondió: “Obvioooooo”.
En otro mensaje, le explicó: “Vecuronio. Así se llama. Es dos veces más fuerte”. La víctima le preguntó entonces: “¿Si te pasás con eso te vas con Jesús?”. En otro intercambio, ante el pedido de más fentanilo, Benavidez señaló que tenía ampollas disponibles y escribió “el fenta a 100”, expresión que la fiscalía interpretó como una referencia a un precio de $100.000. También le indicó que debía concretar la operación ese mismo día porque tenía otro comprador.
Entre las pruebas incorporadas al expediente también había un audio de 17 segundos enviado por Benavidez el 9 de agosto de 2023, poco antes del fallecimiento de E.G.M. En el mensaje, el enfermero daba indicaciones sobre la administración del contenido de las ampollas y advertía sobre el riesgo de una sobredosis. “Va a quedar muy concentrada y te vas a pasar para el otro lado”, se escucha decir a Benavidez en el audio. Luego volvió a enviar mensajes para obtener una respuesta, pero E.G.M. no contestó.
Posteriormente fue encontrado muerto en su departamento. El fiscal Matías Mené había señalado durante una audiencia de formalización que “lo encontraron en su departamento sin vida con una jeringa y un frasco de vecuronio”. La muerte de E.G.M. había sido investigada inicialmente por la Fiscalía Regional de Rosario. En el domicilio se habían encontrado una jeringa y un envase de bromuro de vecuronio, por lo que se solicitó al Instituto Médico Legal que analizara la eventual presencia de esa sustancia.
Sin embargo, el laboratorio informó que no contaba con técnicas puestas a punto para determinar la presencia de bromuro de vecuronio y valproato de sodio en sangre. La autopsia concluyó que no podía descartarse una relación con causas toxicológicas, aunque estableció como indeterminada la causa del fallecimiento. Con esos elementos, la investigación provincial fue archivada. La posterior denuncia ante la Justicia Federal permitió orientar la pesquisa hacia el vínculo entre E.G.M.
y Benavidez y hacia la presunta comercialización de los medicamentos mencionados en sus conversaciones. El 30 de septiembre de 2025, Gendarmería Nacional allanó el domicilio que Benavidez utilizaba en Rosario y la vivienda de sus padres en Concepción del Uruguay, Entre Ríos. En la casa de Rosario fueron secuestradas cuatro ampollas de fentanilo de 5 mililitros, cuatro cajas de bromuro de vecuronio con 99 frascos, 98 jeringas hipodérmicas con agujas y distintas cajas y blísteres de medicamentos.
Entre los fármacos encontrados había furosemida, metformina y Blokium, además de ampollas de adrenalina y otras sustancias medicinales. También se secuestró una bolsa con material vegetal similar a cannabis. El cotejo de los lotes permitió establecer que el fentanilo y el bromuro de vecuronio habían ingresado previamente al PAMI II, donde Benavidez trabajaba.
Benavidez fue condenado como autor de los delitos de comercio de estupefacientes, en relación con el fentanilo; venta de sustancias medicinales peligrosas para la salud disimulando su carácter nocivo, por el bromuro de vecuronio; hurto y tenencia ilegítima de arma de fuego de uso civil. Los delitos fueron considerados en concurso real y la pena acordada fue de cuatro años y seis meses de prisión efectiva.
Además, el condenado quedó inhabilitado durante el mismo período para ejercer cargos públicos y la profesión de enfermero.


